12 de diciembre de 2009

Pliego nº 11..............................'2ª Etapa'


María de Guadalupe: mensajera de la unión de dos culturas


Es muy difícil para un mexicano o mexicana escribir con mesura sobre la Virgen de Guadalupe. Ella es un icono que vemos desde la cuna, nos acompaña durante toda la vida y preside el lecho de muerte. Es una síntesis de nuestras raíces, ejemplo luminoso de cómo Dios mismo se acerca a los pueblos con amoroso cuidado, para expresar su cercanía en las categorías que ellos entienden. Guadalupe constituyó en sí misma un mensaje comprensible tanto para los indígenas como para los españoles del siglo XVI, y provocó la conversión masiva de los naturales de México, lo cual no habían logrado los misioneros franciscanos, incluso con sus mejores energías durante diez años de paz. Dos pueblos, dos historias, dos culturas, uno de ellos derrotado, el otro vencedor, no era fácil que pudieran fundirse en una nueva forma de relación. El Evangelio había llegado como la religión de los vencedores, aunque hablara de un Dios amoroso y cercano. Los misioneros se sentían horrorizados ante las expresiones religiosas de los aztecas y otros pueblos vecinos, que vivían en perpetuo estado de guerra para poder ofrecer sacrificios a su dios. Los indígenas, de una intensa y vital religiosidad, estaban entristecidos por la desautorización de sus tradiciones. ¿Cómo se llegó a una síntesis en la que ellos pudieron entender la universalidad del mensaje del Evangelio, y se sintieron valorados y rescatados, también en lo mejor de sus propias tradiciones?

La narración de Guadalupe, llamada Nican mopohua (“Aquí se cuenta”), fue escrita en náhuatl por Antonio Valeriano, un gran sabio indio de la primera generación cristiana, como resultado de lo que, según la tradición, Juan Diego contó durante los 17 años que sobrevivió a la aparición de María en el Tepeyac. El texto náhuatl es de una gran belleza, y su traducción al castellano presenta especiales dificultades porque la lengua de los mexicas era muy densa de contenidos, muy rica en matices, y había que hacer varios circunloquios en castellano para dar la idea que contenían pocas palabras en la lengua original. En esta página recogeré tan sólo algunos párrafos de la espléndida traducción del P. José Luis Guerrero, Director del Instituto de Estudios Teológicos e Históricos Guadalupanos de la Arquidiócesis de México.

Juan Diego era un indígena pobre, pero digno (no vivía en la miseria, tenía una casa en Cuautitlán), que se había convertido al cristianismo y un sábado, muy de madrugada, se dirigía a la catequesis a México Tlaltelolco. Cuando se acercaba al cerro del Tepeyac, oyó claramente el canto de pájaros preciosos y aves canoras. Para el indígena, aquella montaña era lugar de encuentro con la diosa madre, y la música era un modo privilegiado de culto y comunicación con la divinidad. El cerrito era el lugar por donde salía el sol, para el indígena era Tonatiuh, el dios sol. Cesan los cantos, y todo queda en calma. Entonces oye que lo llaman desde arriba: “Mi Juanito, mi Juan Dieguito”. Una forma de dulce cortesía mexicana, que lo llama por su nombre cristiano y lo trata con alta dignidad. Él, con alegría y sin turbación alguna (los mexicas no temían a lo divino; para ellos la relación con la deidad era ocasión de fiesta), sube al montecito.

“Y al llegar a la cumbre del cerrito, tuvo la dicha de ver a una Doncella, que por amor de él estaba allí de pie, la cual tuvo la delicadeza de invitarlo a que viniera juntito a Ella. Y cuando llegó a su adorable presencia, mucho se sorprendió por la manera que destacaba su maravillosa majestad: sus vestiduras resplandecían como el sol...”. Lo divino estaba presente allí sin duda. Pero Ella, lejos de ser altanera, lo espera no sentada como correspondería a una reina azteca, sino de pie, y lo llama a que se acerque y le pregunta: “Hijo mío el más pequeño, mi Juanito, ¿a dónde te diriges?” Él responde que va a México Tlaltelolco “en pos de las cosas de Dios”.

Ella, “acto continuo con él dialoga, le hace el favor de descubrirle su preciosa y santa voluntad. Le comunica: “ten la bondad de enterarte, por favor pon en tu corazón, hijito mío el más amado, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, y tengo el privilegio de ser Madre del verdaderísimo Dios, de Ipalnemohuani (Aquél por quien se vive), de Teyocoyani (del Creador de las personas), de Tloque Nahuaque (del Dueño del estar junto a todo y del abarcarlo todo), de Ilhuicahua Traltipaque (el Señor del Cielo y de la Tierra). Mucho quiero, ardo en deseos de que aquí tengan la bondad de construirme mi templecito, para allí mostrárselo a ustedes, engrandecerlo, entregárselo a Él, que es todo mi amor, a Él que es mi mirada compasiva, a Él que es mi auxilio, a Él que es mi salvación”.

Estas palabras tenían un contenido de extraordinario valor para un indio, pues se da cuenta de que la Madre del Dios cristiano es también Madre del Dios mexicano. Los antiguos mexicanos creían en un Dios único, del que los demás eran sólo aspectos. Pero no era alguien que se ocupara directamente de los seres humanos. Por otra parte, para los mexicanos la nación era el templo. Al haber sido destruidos los tempos mexicas, ya no había nación mexicana. Así, el hecho de que Ella pida un templo para mostrar a su Hijo, quiere decir que la nación va a resurgir, sin contradicción entre lo más profundo de las tradiciones indígenas y la novedad del Dios cristiano.

Y sigue: “Porque en verdad yo me honro en ser madre compasiva de todos ustedes, tuya y de todas las gentes que aquí en esta tierra están en uno, y de los demás variados linajes de hombres, mis amadores, los que a mí clamen, los que me busquen, los que me honren confiando en mi intercesión. Porque allí estaré siempre dispuesta a escuchar su llanto, su tristeza, para purificar, para curar todas sus diferentes miserias, sus penas, sus dolores”.

Para los mexicanos, cuyos padres y hermanos mayores con frecuencia morían en guerra o en los sacrificios, la madre era la formadora, tierna pero firme, que enseñaba y corregía. El rostro materno de Guadalupe era lo más elocuente que los mexicanos podían entender.

Existen tratados enteros sobre el “códice” de la imagen de Guadalupe: su rostro mestizo es significativo en sí mismo para personas de ambas culturas. En ella el español veía obivamente la Virgen María en su esplendor, la mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies. Y el indígena percibe una hija de español y mexicana, portadora de Dios (tiene el manto de estrellas, y en el vestido, justo sobre el vientre, la flor de cuatro pétalos que simbolizaba al dios Quetzalcóatl) pero ella no es Dios (el resplandor divino lo tiene detrás y la ilumina desde el frente, no surge de su persona). Está embarazada (tiene el lazo negro de las futuras madres) y es doncella (peinada con el pelo suelto y raya en medio). Es una maravillosa y expresiva síntesis que habla al corazón de dos culturas, de dos pueblos “que en esta tierra están en uno”. María de Guadalupe, dijo Juan Pablo II, es ejemplo de una “evangelización perfectamente inculturada”. Muestra de amor y cercanía, mensajera de Cristo, del que sigue diciéndonos: “Hagan todo lo que Él les diga”.

¿Sabremos nosotros, como Ella, inculturar el Evangelio en la sociedad digital de hoy para que lo comprendan los más jóvenes?

Leticia Soberón
Italia

¿Qué celebra un cristiano en la Navidad?


Comencemos por decir que en el calendario de la Iglesia, Navidad es una fiesta –la solemnidad del día 25 de diciembre– y un tiempo –las semanas que van desde el día de Navidad hasta la fiesta del bautismo del Señor–: un día y las subsiguientes semanas para profundizar en el misterio de la Encarnación.

Frecuentemente relacionamos el término ‘misterio’ con algo confuso, no plenamente conocido; si bien en los escritos del Nuevo Testamento misterio tiene mucho que ver con actividades de orden cognoscitivo (conocer el misterio, Mc 4, 11; revelar el misterio, Ef 3, 9) en los escritos de san Pablo el término tiene que ver directamente con el acontecimiento Cristo: la revelación de Dios y la reconciliación de los hombres, el acontecimiento revelado por Dios a través de Cristo (Ef 1, 9-10). En el campo de la teología y de la catequesis el término hace referencia al actuar de Dios a favor del hombre, a las intervenciones de Dios en la historia para salvar al hombre. Desde esta perspectiva tenemos que el misterio de la Encarnación inauguró una nueva manera de acercarse Dios a los hombres para salvarlos.

En nuestros días, cuando asistimos a un relativo bienestar, y si la ciencia y la técnica nos han acostumbrado a seguir la secuencia causa-efecto, al presentar la obra de Dios como ‘salvar al hombre’, sigue una pregunta: ¿de qué me salva Dios? Dios te salva de ‘ti mismo’, de permanecer encerrado en ti, de considerarte el centro y el fin de todo: «¿De qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?» (Lc 9 25).

Por el misterio de la Encarnación el Hijo de Dios asume una existencia humana. ¡Una existencia como la nuestra!, el Hijo de Dios se incorpora a nuestra historia en un tiempo y en una cultura concretas. Por el misterio de la Encarnación el Hijo de Dios se somete a las limitaciones y contingencias de nuestra existencia, existe como todos los seres humanos llegamos a existir y con ello asume la condición de doliente de modo que puede com-padecerse de todo hombre y de toda mujer.

A decir del concilio Vaticano II, en el Verbo encarnado Dios revela al hombre su vocación y su identidad más universales (Cf. Gaudium et spes, 22) porque Dios se une a todo ser humano de manera que a partir del misterio de Jesucristo nada legítimamente humano es ajeno a Dios; toda realidad de cada hombres es susceptible de ser asumida por Dios. ¡La encarnación sí que nos hace hermanos en la común existencia!

En la liturgia cristiana la celebración es una invitación para ponernos delante del misterio y gozar de él contemplándolo; ahora bien, al misterio se accede por la fe toda vez que el misterio es acontecimiento en el diálogo de salvación Dios / hombre. Para celebrar es preciso antes, que quien celebre sea un creyente, porque es desde esta actitud creyente que el hombre puede detectar la presencia y cercanía de Dios en el misterio.

En la celebración de los días de Navidad el creyente se sitúa, en palabras de san Agustín, ante «el admirable intercambio que nos salva», pues por el misterio de la Encarnación el Hijo de Dios se hace hijo de hombre a fin de que los hijos de hombre lleguemos a ser hijos de Dios en plenitud (Cf. Sermón 128). Ningún ser humano, ni ninguna realidad humana, puede quedar al margen de la salvación que Dios realiza en Jesucristo.

La cultura de nuestros días nos impulsa a llevar una vida fragmentada, las personas en nuestros días se ven abocadas a desarrollar su historia en lugares-compartimento en los que desempeñan un rol o función, en tal situación la persona necesita de un centro integrador, de un eje que le de continuidad como proyecto humano histórico más que como protagonista de anécdotas. Por el misterio de la Encarnación y por todo lo que implica esta ‘solidaridad’ del Hijo de Dios con todo lo humano, bien puede ser el proyecto cristiano que nos revela el Verbo encarnado el centro de nuestra existencia fragmentada.

Tadeo Albarracín
Colombia

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“ Si el cuerpo y el alma están en dolor y, a la vez, la presencia divina se oculta, hay que refugiarse en un trabajo o en una acción muy apacible que, poco a poco, restablezca el equilibrio interior.”


“Aprendamos a encontrar en cada alma el punto por el cual tiende aún al infinito, a Dios.”


“Tengo sed de paz.
Sed de simpatía profunda, de ternura, de unión.
Sed de entregarme, de dar, de comprenderlo todo y de compartirlo todo.
Tengo sed de mostrar miasma al desnudo a otras almas que me son queridas.”

12 de noviembre de 2009

Pliego nº 10..............................'2ª Etapa'


San Martín de Porres, amigo de Cristo


En las países hisponófonos se suele dar el nombre de «Fray Escoba» a San Martín de Porres.

La tradición católica le representa en general con una escoba en la mano, seguramente debido a su humilde condición de hermano donado y por el hecho que una de las tareas encomendadas era la de barrer el suelo del convento dominico donde vivía. El convento Nuestra Señora del Rosario de Lima era grande e importante, contaba con más de 250 frailes y sin duda, Martín habría pasado muchas horas limpiando suelos.

Pero nadie se limita a una única función! Por eso me gusta tanto este ícono que representa a Jesús y su amigo Martín. Lo mas importante de la vida de Martín de Porres no fue su trabajo, sus actos o su escoba, sino su amistad con Cristo. Es de allí de donde recibe su santidad… de esa amistad íntima, personal con Jesús.

La tradición ortodoxa representa los santos que se ocupan de enfermos con una caja de medicamentos y una cuchara. Martín era enfermero y fue conocido por sus cuidos a los enfermos. Curaba con hierbas medicinales que cultivaba en el claustro del convento. Podemos afirmar con certeza que Martín no se ocupaba únicamente de limpiar suelos, de cuidar el hábitat de los frailes, sino que también limpiaba heridas, se ocupaba de las personas !Que importante es saber hacer las dos cosas: cuidar nuestras casas y cuidar las personas!

Martín de Porres es un gran santo: una persona muy «completa». El icono logra reflejarlo. Recordemos que los íconos son pintados para dar testimonio de la belleza de Dios. La amistad entre Martín y Cristo es belleza de Dios !Toda amistad entre personas es belleza de Dios!

Quizás me pregunten, qué hacen los animalitos allí? Martín era también amigo de ellos, pero me gustaría más contestar con una frase que escuché no hace mucho. No recuerdo de quién es…que su autor me perdone... Dice algo así : Dios ha creado al hombre para que busque a Dios y todo el resto de la creación para que revele a Dios! El perro, el gato y el ratón, y yo añadiría que también la escoba, que tanto identifica a San Martín de Porres, son todos signo de la inmensa belleza de Dios ! La vida de Fray Escoba es un baño de belleza !

Pauline Lodder
Suiza

Un buen hombre, Clemente Mur


Recuerdo que de niña me gustaba ver en la televisión especialmente los programas donde aparecían caricaturas, cómics y series infantiles y prestaba especial atención en cada uno de los personajes y sus características.

Pienso que en esos programas, los héroes, heroínas y animales con poderes especiales que conviven de forma natural con la gente, tienen unas características determinadas que los hacen dividirse en dos grupos, el de los buenos y el de los malos.

La persona buena es aquella que cuenta con unas características espefícicas, fácilmente identificable y sobre todo propensas a que la gente se les acerque de manera rotunda y con alegría; por otro lado, nos encontramos con aquellos que se instalan en el egoísmo, en el rencor, en la mentira de forma natural y crean división entre las personas, pero curiosamente cuentan con un cierto magnetismo que atrae, que vislumbra y que atrapa.

A medida que iba creciendo me daba cuenta de las características diferenciales relativas a las buenas personas. Con el pasar de los años he ido cambiando la visión de aquellos personajes infantiles de la televisión; lógicamente a ello también ha contribuido las personas que se han cruzado en mi camino y eso ha hecho que la primera visión se haya transformado.

Un entrañable amigo me contó una vez la historia de un gran amigo suyo que se llamaba Clemente Mur Linares. Recuerdo que me explicó detalles especiales de su vida, sobre su testimonio y que destacó concretamente en ciertos valores humanos como la sencillez, espíritu de servicio, de acogida, solidaridad, humildad, don de consejo, alegría y sobre todo, buen humor!

Quedé maravillada de la forma en que me narró su historia y la manera tan cariñosa con la cual se expresaba y lo recordaba. Eso provoco en mí una gran inquietud de conocer más sobre él, e insistí a mi amigo, para que siguiera contándome más. Recuerdo que le pedí con insistencia que continuara narrándome la vida de aquel hombre bueno y no hizo más que exclamar: “Clemente se lo merece todo!, se que es poca cosa lo que puedo contarte de él e intentaré hacerte un esbozo sencillo y sin fantasías sobre la manera transparente como vivió Clemente.

Continúo con su narración y me explicó que un grupo de gente que había conocido a Clemente habían organizado en su nombre una entrega de premios, que llevan como título: «Premios Clemente Mur». Se trata de premiar a las buenas personas. Este premio lo organiza una entidad que busca difundir los valores humanos, desde una nueva perspectiva, propiciando espacios donde la belleza fluya con el arte y que además las personas sean las protagonistas en todo lo que la entidad organiza.

Pero, ¿un premio para las buenas personas?, me parece una cuestión novedosa en nuestros días ya que poca gente se fija en la bondad de las personas que nos rodean y menos como para darles un premio.

Remarcó mi amigo que no se trataba de buscar personas importantes dentro del mundo de la política, la cultura o del deporte, sino de reconocer el trabajo silencioso y sencillo de aquellas personas que favorecen una convivencia agradable, construyendo a su alrededor un mundo solidario y en definitiva, un mundo más humano.

Los galardonados con el premio suelen ser personas que manifiesten que cualquier ser humano es digno de ser estimado por el sólo hecho de existir y estos candidatos han de ser presentados por un grupo, una asociación, una entidad o comunidad de vecinos. Posteriormente son elegidos por un jurado que analiza y valora las propuestas presentadas y selecciona a los que serán premiados.

Después de la extensísima explicación de mi amigo, me di cuenta que estamos rodeados de muchísimas personas buenas y que, muchas veces, ni nos detenemos a pensar en ellas, ni mucho menos, detectamos aquello que las hace diferentes y especiales.

Seguramente hay hombres y mujeres santas que conviven con nosotros día a día y que por nuestro quehacer diario no reconocemos o simplemente, no queremos reconocerlo, por envidias, egoísmo o miedo a que nos interpelen demasiado y nos provoquen cambios en nuestros hábitos, muchas veces tan obcecados y tan sin razón.

Al final de la charla con mi amigo, me di cuenta de que todos estamos invitados a ser buenas personas, a generar esperanza todos los días y sobre todo, a ser motores que empujen al otro, al más cercano, a la gran alegría que es existir y vivir la vida sintiendo la brisa que nos acaricia la cara.

Al acabar de escribir estas líneas me di cuenta de que podemos escribir ‘buen hombre’ u ‘hombre bueno’ y he visto que hay una gran diferencia entre una expresión y la otra, ya que cuando el adjetivo viene delante de un sujeto, eso quiere decir que es una constatación y por eso quise hacer constar que Clemente realmente fue un buen hombre de nuestros días.

Thelma Gil Samaniego Ibarra
España

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.


Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“Sois miserables cuando contáis solamente con vosotros mismos e intentáis actuar solamente con vuestras fuerzas. ¡Oh! ¡Que miserables sois entonces!”


“Callar de sí mismo es humildad.
Callar los defectos ajenos es caridad.
Callar palabras inútiles es penitencia.
Callar a tiempo y lugar es prudencia.
Callar en el dolor es heroísmo.”


“¡Extraña caridad la de aumentar el peso de los sufrimientos ajenos! ¡Llevamos en nosotros tantas antipatías, ferocidades, que ni siquiera conocemos!”

12 de octubre de 2009

Pliego nº 9...............................'2ª Etapa'


Andar en la humildad es andar en la verdad

Ya hemos cerrado la puerta. Ya permanecemos solos en la habitación. Ya hemos cerrado los ojos. Ya nos hemos envuelto de silencio, de aquella quietud que permite penetrar bien adentro. Ya hemos visto y catado la existencia.

Es entonces cuando nos damos cuenta de que nada nos falta para haber sido alguna cosa en lugar de nada. Somos, existimos. Y no hay grados ni niveles. No podemos decir que existimos a medias, a pedacitos, a migajas. No podemos decir que unos existen más que otros... no hay niveles. La existencia nos iguala a todos, nos mide a todos con una misma medida. Nada nos diferencia en esto. O existimos, o no existimos.

Percibimos entonces que lo tenemos todo al existir. ¡Qué humildad! ¡Humildad de saber que somos, que existimos, y podríamos perfectamente no haber llegado nunca a existir! ¡Cuánta humildad saber que no teníamos porque haber sido nunca y... al mismo tiempo, sin haberlo pedido, sin haber pedido a nadie que queríamos existir... nos encontramos existiendo! Qué humildad saber que nuestra existencia no depende de nosotros. ¡Es mera carambola cósmica. ¡Nos ha tocado la lotería sin haber jugado ningún número!

Y al mismo tiempo, ¡qué humildad saber que esta vida un día se acaba! Que tan sólo los que nunca han llegado a existir son los que nunca mueren.

Que humildad tocar con los pies en el suelo y darnos cuenta de que somos limitados o no somos. Unos límites por origen, como cuando comienza el día y quizás la hora de levantarnos nos viene marcada por el trabajo, por lo que tenemos que hacer... casi impuesta por otras cosas. No decidimos nosotros comenzar nuestra existencia.

Y también unos límites por el final, como cuando finalizamos la jornada... sabiendo que muchas cosas no las dejamos acabadas ni resueltas pero... es como ir aprendiendo a morir poco a poco. ¡Saber que vamos a dormir sin tenerlo todo resuelto y... el mundo sigue rodando como si tal cosa!

¡Qué humildad percibir que no somos necesarios! Que las cosas funcionan -y además funcionan bien- aunque uno se quede todo el día en la cama. Habrá quien sentirá su imprescindibilidad, sabiendo que si no va al trabajo parece que se hunde el mundo, que si no prepara el desayuno a sus hijos parece que no van a comer… pero la enfermedad nos prepara para esa humildad. Estar enfermos es la primera lección de humildad. Al enfermar constatamos que todo sigue sin nosotros, posiblemente no sigue de igual modo, pero en todo caso todo sigue: en el trabajo se las arreglan, en casa cambian funciones y se asumen responsabilidades, y cuánto más días pasan menos consultas recibimos sobre qué haríamos en tal o cual caso.

En definitiva, la enfermedad nos prepara para bien-morir, y estar enfermos nos sanea en humildad. Al fin y al cabo, caminando con los pies en la tierra no podemos ni humillarnos ni enaltecernos. La santa de Ávila supo mucho de humildad porque vivió cercana siempre a la enfermedad. “Andar en la humildad es andar en la verdad” –decía esta Santa de la alegría, como también se la conoce. Y es que humildad y alegría se unen.

Marta Burguet Arfelis
España

Nada te turbe





Todo se pasa, Dios no se muda,
La paciencia todo lo alcanza.

En Cristo mi confianza,
y de Él solo mi asimiento;
en sus cansancios mi aliento,
y en su imitación mi holganza.

Aquí estriba mi firmeza,
aquí mi seguridad,
la prueba de mi verdad,
la muestra de mi firmeza.

Ya no durmáis, no durmáis,
pues que no hay paz en la tierra.

No haya ningún cobarde,
aventuremos la vida.
No hay que temer, no durmáis,
aventuremos la vida.


Santa Teresa de Ávila


Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“La plegaria es de una eficacia cierta. Oremos, pues, sin cansarnos jamás”


“Hay que llenar la propia vida con el trabajo, la caridad y con el cumplimiento del deber, de todo deber”


“Saber callar es, a menudo, sabiduría y acto de virtud”

12 de septiembre de 2009

Pliego nº 8...............................'2ª Etapa'


Virgen de la Mercedes, redentora de los cautivos

El próximo 24 de septiembre, se celebra la fiesta de la Virgen de la Merced, patrona de Barcelona (España) y de muchos otros lugares de América Latina, ya que su imagen presidió la primera misa en el continente americano.

La Merced nos recuerda una cuestión muy básica para el ser humano: la libertad. Sí, porque esta advocación es, precisamente, la de ser “redentora de los cautivos”, la que vela por devolver la libertad a aquellos que la han perdido, o la tienen reducida o condicionada innecesaria o injustamente. Nuestra libertad es limitada, pero aún siendo limitada es lo más fundamental de la persona humana, lo que más nos asemeja a Dios.

Pensando en los colectivos que hoy sufren por falta de libertad, no podemos hablar únicamente de los que están en prisión. También existen muchas personas que aparentemente viven en libertad, pero que en realidad están prisioneros de su entorno, de su ambiente, de la misma sociedad de la que forman parte.

Uno de estos colectivos, que más sufren restricciones de sus libertades, es el de las mujeres, es decir, más de un 50% de la humanidad. La sociedad occidental, ha avanzado mucho, es cierto, en la situación de las mujeres, pero aún queda mucho trabajo por hacer, mucho camino por recorrer en el itinerario de dignificación del ser y del papel de las mujeres en nuestras sociedades. Mientras las mujeres no sean reconocidas en su completa dignidad, mientras no puedan desplegar con plena libertad su manera de ser, sus cualidades, su particular manera de ver y vivir sus relaciones con el entorno, no será posible que nuestra sociedad viva en paz.

Pero, si esto sucede en las sociedades occidentales, tan sensibles al tema de los derechos humanos, ¿que podríamos decir de otras culturas en donde la mujer aún es considerada como un cero a la izquierda? No podemos quedarnos impasibles ante esta injusticia. Clama al cielo por su ataque a la dignidad del ser humano en su conjunto, hombres y mujeres. Mientras las mujeres no sean reconocidas por completo, en el fondo tampoco lo están siendo los hombres, que no pueden desarrollar armónicamente sus relaciones, ya que su interlocutor no está al mismo nivel.

Los hombres, con gran delicadeza, escuchando a las mujeres y con decisión, han de sentir como propia la tarea de luchar por la libertad de las mujeres. En el fondo, se trata de la lucha por el reconocimiento de la dignidad del ser humano que nos corresponde a todos.

Diego López-Luján
República Dominicana


Libertad, libertad


Libertad, libertad

te he buscado sin aliento
y no encontrándote, lamento
la pena de haber vivido siendo
veleta sin horizonte, sin cielo.

Libertad, libertad
buscándote he perdido el tiempo
me he desgastado y me he impuesto
cadenas, grilletes, losas... y todo
para acabar más exhausto, más muerto.

Libertad, libertad
en mi ceguera no he visto
que dentro de mi te hallabas
libre como el viento,
tan libre como te soñaba.

Déjame pues que te cante
que cantándote reflejo
el sentimiento que llevo dentro
y para los demás expreso
gratitud sin recelo
amor,... que sólo amando, libertad,
verte puedo.

Alfredo Rubio
Barcelona, 22-XI-84


Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.


Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“Aprendamos a ser humildes oyendo todo aquello que nos dice nuestro prójimo, sea sabio o ignorante.”


“Casi todo gira entorno a la bondad y a la caridad fraterna, precepto tan querido del Corazón de Cristo y que nos lleva ciertamente, a un ambiente más conciliador y a una más íntima y mutua comprensión.”


“La amabilidad es la caridad que se da; la humildad que se abate, la mortificación que se priva, la paciencia que soporta, la fortaleza que no se cansa jamás.”

12 de agosto de 2009

Pliego nº 7...............................'2ª Etapa'


Hermana Pobreza


En una época en que se viven, y muchos sufren, las consecuencias de una crisis económica globalizada, parece casi una paradoja hablar de la pobreza como hermana. A nadie se le ocurriría llamarla así si no fuera porque la vivió, como una opción personal y radical, Santa Clara, siguiendo las huellas de quien se consideraba el poverello (pobrecito), Francisco de Asís.

Clara había nacido en Asís, de familia noble, en 1193 A sus 18 años, a escondidas de su familia y atraída por la fama y el testimonio de Francisco, fue recibida por él y los primeros frailes en la iglesia de Santa María de los Ángeles, la Porciúncula, para consagrarse enteramente al Señor. El santo la acompañó a un monasterio de religiosas. Allí sus parientes trataron en vano de convencerla para que volviera a casa. Más tarde Francisco le aconsejó que se retirara en la iglesia de San Damián, que él había restaurado unos años antes. En aquel convento vivió 42 años, casi siempre enferma, pero alegre y entusiasta, dedicada a la contemplación y a la formación en la vida religiosa de varias amigas y parientes, entre ellas su hermana Inés y su madre. De este modo empezó la orden de las Clarisas que pronto se extendería por toda Europa.

Pero no podemos detenernos en los meros hechos históricos, sino que nos sentimos impulsados a profundizar en el contenido y significado que Clara daba a la pobreza hasta el punto de llamarla "hermana". Una característica fundamental de su vida, fue su total confianza en la divina providencia, de tal modo que nunca aceptó poseer casas, campos, dinero ni otros bienes. Esto, que ella llamaba el "privilegio de la pobreza", le fue concedido en 1216 por el Papa Inocencio III.

Con la fundación de las Clarisas, ella introdujo un nuevo estilo de vida religiosa. Hasta entonces la vida de los monasterios estaba asegurada por los bienes que poseían. Además, quienes entraban en un monasterio debían llevar consigo una dote como garantía de su mantenimiento. Obviamente, su confianza total en la providencia rompía claramente este modelo. Al hacer la opción por la pobreza, ella se ponía enteramente en manos del Señor y en manos del prójimo, cuyas limosnas recibidas eran expresión palpable de la generosidad divina.

Al celebrar este mes su fiesta, nos viene a la mente que ella, al fundar las Clarisas, quiso que se llamaran como había dicho Francisco: las "Hermanas Pobres", a imitación de Cristo pobre. Ante esta nueva realidad eclesial fue el Papa de entonces, Inocencio IV, quien aprobó y promulgó la nueva regla de vida religiosa, escrita por Clara.

La Santa había visto que Francisco, con su cántico de las criaturas, expresaba por un lado la belleza que el Señor había derramado a manos llenas en la creación y, por otro, la gratuidad con que la providencia las mantenía.

Además, la pobreza era para Clara una expresión de los propios límites, pero también una forma de comunión solidaria con quienes les proporcionaban toda forma de ayuda. Y también era signo de una pobreza aún mayor y más radical: la de no poseer personas. La no posesividad sobre los demás se manifestaba en no querer controlar, dominar ni sojuzgar a nadie, considerando siempre a todos como hermanas y hermanos, cualquiera que fuese su condición. Santa Clara y las Hermanas Pobres eran humildes, y esto les hacía sentirse muy libres y felices.

Miguel Huguet
Italia

Clara de Asís: custodia del amor de Dios


¡Qué mejor custodia para el Señor que la propia existencia! Este es el testimonio de vida que Clara de Asís dejó para sus “hermanas pobres” –las, ahora, clarisas- y para el resto de la humanidad. Clara descubrió en su interior la presencia del Padre y no dudó en convertir su vida en casa de Dios donde se respiraran pobreza, humildad, servicio, oración, fraternidad, gratuidad… Su entrega libre y valiente a Dios la materializó uniéndose a la causa de Francisco cuando, la noche del domingo de Ramos del año 1211, recibió del “pobrecillo de Asís” el hábito.

Pronto se unieron a ella otras hermanas que encontraban en Clara un modelo de amistad con Jesús basado en la comunión, en la sencillez, en el silencio, en la austeridad y en la alegría. Vivían la clausura en el monasterio de San Damián, sin embargo no experimentaban esto como huída del mundo, sino como una adhesión íntima a la humanidad. Su entrega callada a la vida en comunidad y a la contemplación de la vida de Cristo, se transformaba en oración solidaria por los que sufren en el mundo. Su testimonio fue haciendo que más mujeres, de todas las condiciones, quisieran unirse a vivir esa pobreza evangélica que colma.

Orar era para Clara como respirar. Decían las hermanas que cuando volvía de estar orando es como si viniese del Cielo. Uno de los episodios más significativos de la vida de Clara es cuando los sarracenos invadieron la ciudad y estuvieron a punto de entrar en el convento. Clara se postró ante la Custodia y pidió a Jesús con estas palabras: “Señor mío, ¿acaso quieres entregar en manos de los paganos a tus siervas indefensas, que he educado por tu amor?”. La liberación de Asís se dio milagrosamente enseguida. De hecho, a santa Clara se le representa con una custodia en las manos por este motivo.

Jesús, nos invita a comer de Él, a impregnarnos de su vida. Cuando nos dice: “ámense como el Padre me ama a mí y yo los amo a ustedes”, nos está invitando a acoger el amor de Dios en nuestro ser y a transparentarlo a los demás. Estamos invitados a ser “custodias” del amor de Dios, receptores y dadores de ese amor. Clara, con su custodia en las manos nos recuerda esta invitación.

Javier Bustamante
Espa
ña

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.


Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“La humildad: no es envidiosa, desconsiderada, no se hincha de orgullo, no desea el honor, no busca su interés, no se irrita por nada, todo lo sufre, lo espera todo, lo soporta todo.”

“Acostumbrarme a considerar la vida como un paso, podrá influir en mi vida.”

“Danos la fuerza para que jamás te rechacemos y para responder con un <Sí> total a todos


12 de julio de 2009

Pliego nº 6...............................'2ª Etapa'


Nuestra Señora del Carmen, Patrona de Chile


La advocación mariana más popular y la que cuenta con mayor devoción en la República de Chile es la de Nuestra Señora del Carmen, Patrona del Ejército desde 1817 y, además, patrona de los marineros, pescadores y hombres de mar de este país.

Al hablar sobre la historia de la Patrona de Chile, es imposible no aludir al proceso independentista llevado a cabo entre 1810 y 1818 e incluso, en pleno período hispánico encontramos rastros de ella.

La devoción a María estaba ya asentada en Chile cuando llegaron los monjes Agustinos en 1595 y fueron ellos los que dieron a conocer la advocación de la Virgen del Carmen. En la gran mayoría de los hogares existía una imagen de Nuestra Señora y en las haciendas, capillas y parroquias se la veneraba con fervor.

En 1643 nace en Concepción, actual capital regional del Bio-Bío, la Primera Cofradía de Nuestra Señora del Carmen de Chile; en 1662 se funda en Nuñoa, actual Región Metropolitana, la primera parroquia carmelita; en el año 1690, en las postrimerías del siglo XVII, comienza a crearse el Monasterio del Carmen Alto de Santiago; en 1694, el misionero José González Rivera y Moncada construye en tierra de indios dos capillas carmelitas, en Ropocura y Colhué, a orillas del Cautín y el Bio-Bío.

El 13 de Octubre de 1786, un comerciante de estampas religiosas, extiende "su humilde mercadería sobre el suelo de ese erial que era entonces, nuestra Plaza de Armas, lugar de tránsito de carruajes y caballerías y de ceremonias en los actos solemnes. Corre un leve viento, como en todas las primaveras santiaguinas. El viento levanta las livianas estampas, las hace revolotear por el aire; el comerciante va de un lado a otro, cogiéndolas en su vuelo y poniéndolas a buen recaudo. Pero una se resiste, se eleva, como cometa de un futuro septiembre y se va, se va, se aleja, se pierde entre las callejuelas y los tejados, sobrepasa los jardines y se detiene, por último, en un punto de la antigua Cañadilla, que hoy llamamos Avenida Independencia", con esas palabras es descrito el acontecimiento que es considerado un verdadero milagro por el pueblo en el libro "Maipú, historia y templo" de Hernán Poblete Varas (Pehuén Editores).

En ese lugar, se inicia la construcción de un templo en 1794, bajo el mandato del obispo Francisco Marán, con el nombre de viceparroquia de Renca. En 1819, el obispo Cienfuegos lo eleva a la categoría de parroquia, cuyo nombre hace alusión a los acontecimientos que motivaron su edificación: Parroquia de la Estampa.

Durante el siglo XVIII, surge en Europa un movimiento cultural-intelectual denominado Ilustración, el cual critica el absolutismo monárquico imperante, con una clara desigualdad y, de paso, sugiere un sistema democrático como forma de gobierno, en donde la teoría de soberanía popular es el eje, o sea, el pueblo elige a sus representantes. Éste fue el comienzo de un conjunto de hechos , como la Independencia de Estados Unidos o la Revolución Francesa, que darían como resultado la Independencia de gran parte de Latinoamérica. A esto hay que sumarle la crisis del Imperio Español en todos los ámbitos.

Chile no estuvo ajeno a este proceso. A partir de la concreción de la Primera Junta Nacional de Gobierno, el 18 de Septiembre de 1810, los criollos inician la separación paulatina de España. Chile poco a poco iba adquiriendo el carácter de una nación independiente, siendo la concreción del Primer Reglamento Constitucional Provisorio, promulgado bajo el mandato de José Miguel Carrera en 1812, un ejemplo de ello.

El 5 de Abril de 1818, con la victoria de la Batalla de Maipú, se consolidaba Chile como una nación independiente y libre del dominio extranjero. El 23 de Mayo de 1818, la Gazeta Ministerial de Chile, una suerte de diario oficial de la época, publica el texto del decreto promulgado días antes por el Director Supremo, referente a la adopción de la Virgen del Carmen como patrona de la Nación. El 15 de Noviembre de 1818, peregrinan a pie desde la capital hasta el lugar de la batalla, el naciente gobierno en pleno, encabezado por O’higgins, para poner la primera piedra del futuro Templo Votivo de Maipú, dedicado a la Virgen del Carmen, patrona de Chile y centro de las celebraciones marianas cada 16 de Julio.

Lourdes Flavià
Chile


La Virgen del Carmen, madre de las familias marineras



La Virgen del Carmen es tradicionalmente considerada patrona de la gente de mar.

Los marinos la llaman también “Estrella de los Mares”, haciendo referencia a que así como los astros les indican desde tiempo inmemorable el rumbo a seguir, la Madre de Dios les guía por las aguas difíciles de la vida a llegar a buen puerto.


Por este motivo, a la hora de alzar los ojos al cielo, le dedican su plegaria preferida. Los marinos y los pescadores, los hombres y mujeres del mar, cuando salen a navegar llevan en el corazón a su familia y tienen muy claro que si luchan contra las olas y hacen frente a las fuerzas de la naturaleza, es para llevarles el pan.

En muchos puertos de la geografía española, el día del Carmen se organizan procesiones y misas en honor de la patrona.

En Barcelona, la procesión arranca desde una parroquia cercana al puerto, Sant Miquel del Port, desde la cual la imagen de la Virgen es llevada a hombros por pescadores y sus esposas, hasta el muelle de los pescadores. Durante todo el trayecto le van dedicando cantos y vítores, en una auténtica manifestación de devoción popular.

Posteriormente, la procesión embarca y hace un recorrido de una hora por aguas del puerto, seguida de multitud de pequeñas embarcaciones. Muchos de los barcos atracados en puerto saludan a Nuestra Señora, haciendo sonar sus sirenas a su paso. Finalmente se celebra la Santa Misa sobre el muelle, bajo el viejo Reloj.

La devoción por Nuestra Señora del Carmen encuentra sus raíces en una visión que el profeta Elías tuvo cuando estando en el Monte Carmelo vio ascender desde el mar una nube blanca, símbolo de la fecundidad de la Madre de Dios. Posteriormente un grupo de religiosos, que se denominarían Hermanos de Santa María del Monte Carmelo, levantaron en dicho lugar un templo en su honor.

El día 16 de julio del año 1251 San Simón Stock, superior general de la Orden Carmelita tuvo la aparición de la Santísima Virgen, quien le prometió su especial protección y le entregó el Escapulario del Carmen.

En España la devoción de los marinos a la Virgen del Carmen tiene una larga tradición, que se inicia en el siglo XVII, siendo la Reina María Cristina el año 1901, quien proclama oficialmente a Nuestra Señora del Carmen como patrona de la marina española.


Para la gente de mar y sus familias, la Virgen del Carmen es aquella madre a la que, ante cualquier dificultad, se acude para ponerlo todo en sus manos.


Ricardo Rodríguez-Martos
Delegado diocesano del Apostolado del Mar
Espa
ña

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.


Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“Pequeños deberes, pequeños esfuerzos, los mejores, porque no son vistos por nadie, sólo por Aquél a cuyos ojos nada es pequeño.”


“No actuar es, a veces, el mayor sacrificio y la más fecunda de todas las acciones.”


“¿Cómo saber lo que Dios quiere? Sé que quiere algo ahora, pero no cómo hacer para hacerlo.
Ayúdame Virgen Madre a hacer lo que debo hacer.”


“Laisser germer la parole de Crist dans votre ame, ne soyez pas impatients, elle grandira sans que vous y mettiez la main.” (Dejad germinar la palabra de Cristo en vuestra alma, no seáis impacientes, crecerá sin que vosotros hayáis puesto la mano.)

12 de junio de 2009

Pliego nº 5...............................'2ª Etapa'


Sagrado Corazón e itinerario

El Sagrado Corazón de Jesús nos invita a permanecer en su Amor para amar con amor de Dios


La iconografía del Sagrado Corazón de Jesús nos presenta a Jesús Resucitado que muestra su corazón resplandeciente en una actitud de entrega amorosa y de invitación a unirnos a la comunión de su amor.

¿Cuál es el significado de esa invitación? ¿Qué implica unirnos a la comunión del amor de Dios? ¿Qué hemos de hacer para amar con amor de Dios?

Del Corazón de Jesús —traspasado en la cruz— brotó sangre y agua para purificarnos de nuestros pecados. Más aún, si aceptamos la invitación de Jesús a permanecer en su Amor, las huellas de nuestra concupiscencia y egoísmo también quedarán borradas. Realmente, sólo si borramos estas huellas podremos amar con amor de Dios, como lo apunta Alfredo Rubio de Castarlenas (Itinerario, Editorial Edimurtra, p.65, año 2009) y cuyas meditaciones al respecto iluminan este escrito.

Amar con amor de Dios… Es la invitación que el Sagrado Corazón de Jesús nos hace, pues Él es expresión trinitaria de la comunión perfecta de amor.
Amar con amor de Dios es amar y dejarse amar como el Padre y el Hijo se aman, como el Hijo nos ama a nosotros (cfr. Jn 13, 34).
Amar con amor de Dios es amar como el Padre, amando paternalmente a los demás, con generosidad y abnegación.
Amar con amor de Dios es amar como el Hijo, dejándonos amar con sencillez por quien nos ama.
Amar con amor de Dios es actuar con humildad y con actitud de servicio.
Amar con amor de Dios es perdonar sin límites, siendo siempre leales, fieles.
Amar con amor de Dios es como Cristo nos ama…
Amar con amor de Dios es ser uno con los demás y con Dios en el Amor.
Amar con amor de Dios es un amor sobrenatural que sólo con la fuerza del Espíritu Santo podemos alcanzar.

El Espíritu Santo es el Espíritu de Amor, que nos prepara para abrirnos al Amor y perseverar en él. Sólo si nos dejamos llenar del Espíritu Santo podremos responder a la invitación del Sagrado Corazón de Jesús a permanecer en su amor y amar con amor de Dios. Sólo si estamos llenos del Espíritu Santo, podremos asumir la luz resplandeciente del Sagrado Corazón de Jesús para ser sujetos de la luz, para ser masa incandescente de amor.

Así como alrededor de la Virgen María se congregaron los apóstoles en Pentecostés para recibir el Espíritu Santo, que sea ella junto a quien oremos para responder a la invitación trinitaria del Sagrado Corazón de Jesús a permanecer en su amor y amar con amor de Dios. Sólo así seremos testigos de la luz para iluminar a otros y educarlos en el Amor para que también se sientan llamados a amar con amor de Dios.

Patricia Castillo Ávila
Guatemala

Soneto


Poema de Alfredo Rubio de Casterlenas
Arreglos musicales: Josué Morales Pérez





Corazón de Jesús y María, en vuestro amor confía el alma mía


Tantos te invocamos
En tu corazón abierto
Tenemos un refugio
Dónde resguardarnos.

Tú nos esperas
Cada día, a toda hora,
Tú Corazón amante no cesa
De ofrecernos amor, amor…

Te pedimos en ésta hora
Abre tu corazón ardiente
Introdúcenos en tu amor
Dulzura, gozo y paz.

Nos sabemos indignos
No mires nuestro mal,
Te presentamos las bondades
plantadas por Tu mano.

Quisiera decirte tantas cosas…
las palabras sobran
el silencio te alcanza
O mejor nos deja alcanzar por Ti.

Porque eres siempre
Reclamas nuestro tiempo,
Nuestra atención, nuestra dedicación.

Ven a beber en nuestro brocal
Calma tu Sed.


Nubia Isaza Ramos
Colombia

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“Contar más con la plegaria que con la acción; con Dios más que conmigo”


“Hay que saber sacar los grandes deberes contenidos en las pequeñas monotonías de cada día y transformarlos en un espíritu vivo y en amor”


“No ha dado nada quién no se ha dado a sí mismo; ni ha sacrificado nada el que no ha perdido su propio ser.
Así la humildad será plena aceptación de uno mismo, de sus límites y de su miseria”.


12 de mayo de 2009

Pliego nº 4...............................'2ª Etapa'


María, las mujeres y la evangelización

El mes de mayo tiene un sabor especial mariano. Siempre con tonos pascuales. Así pues, giremos nuestra mirada a María, la madre de Jesús, para que nos ayude a contemplar el proyecto de lo que Dios quiere para nosotros.

Los cristianos no podemos olvidar que nuestra acción en el mundo es misionera. Evangelizamos al comunicar la gozosa nueva de que Cristo ha resucitado. Y, por ende, participamos ya de la nueva vida iniciada en nuestro bautismo.

Esta transmisión gozosa tiene dos caminos: por una parte se realiza sin que lo percibamos, cuando actuamos con amor de caridad, y, por otro lado, cuando programamos un quehacer para el bien de la humanidad y de la Iglesia.

Esta última senda la podemos contemplar hoy y la podríamos realizar a la luz de la Pascua y de María, faro que nos enseña a seguir a Jesús.

Y así, fijarnos en las mujeres. Ellas son más de la mitad de la humanidad y no en todas partes están liberadas. Más bien, en muchísimos lugares están, tan injustamente, esclavizadas. Además, se añade un lastre de miles de años de padecer esta situación.

Urge trabajar con esfuerzo y con ansia para que las mujeres sean aquello que les corresponde.


Nuestra actual sociedad, que padece tantos desequilibrios y guerras, está construida como un inmenso rascacielos, pero sobre unos cimientos de arena. Será necesario inyectar en la base un cemento especial de libertad y de reconocimiento de las mujeres, para que este edificio no caiga. Hay que liberar a la mujer del menosprecio, de la manipulación, de haberlas forzado, de sumisión, de infravalorarlas,...

Es una tarea evangelizadora liberar la mujer, especialmente en muchos países.

Desde la comodidad de ciertas sociedades occidentales, de lo que hemos venido a llamar primer mundo, podríamos pensar que no es necesario este esfuerzo porque ya se sabe y ya se vive, pues incluso hace años que tenemos mujeres ministras en muchos gobiernos.

Pero de hecho, nuestro mundo occidental, continúa en muchas facetas siendo machista sin darnos cuenta. Llevamos un lastre que arrastramos.

El proceso de liberación no se hace en dos días, son necesarios lustros para realizarlo plenamente, pero es preciso luchar cada día por ella.

José Luis Socías Bruguera
España

El milagro de Caná


Hay muchos tipos de preguntas; muchos modos de preguntar y otras tantas maneras de responder.

En el inicio de la vida pública de Jesús, éste le hace una pregunta a su madre. Ambos están en la celebración de una boda en Caná de Galilea (Jn 2,1-4). Y ya sabemos lo que María dice a su hijo en un momento crítico de la celebración: «No tienen vino». Claro y escueto. No le pide nada, no le pregunta nada y mucho menos se lo exige; se limita a mostrar algo que está ahí; algo evidente para una mujer siempre diligente ante las necesidades de otros.

La respuesta de Jesús también es clara aunque tiene forma de pregunta. Su requerimiento no es por qué se han quedado sin vino, ni cómo han sido tan poco previsores, ni si no será que alguien lo robó... Lo que pregunta remite directamente a un sujeto y a un objeto. Pregunta a María y pregunta qué puede hacer él al respecto.

Ya sabemos que las traducciones de los textos originales nos dejan versiones que muestran distintos matices. En una de ellas, Jesús dice «¿Qué tengo yo contigo, mujer?»; en otra, «¿Y qué tengo que ver con ello?»

Ante eso, María no responde directamente a Jesús, sino a quienes están alrededor: «haced lo que él os diga.» En su silencio hacia Jesús hay una rotunda respuesta: —Hijo, tú tienes todo que ver con ello; de ti depende que siga la fiesta aquí y en el mundo entero que sufre por falta de amor.

¿Qué tengo que ver yo con eso? No pongamos en esas palabras nuestra desidia, nuestra falta de ganas de complicarnos la vida. Porque Jesús, humildemente, lo que hace es pedir a María que sea ángel mensajero de Dios, que le muestre lo que puede hacer con el don de Dios, que sea la luz que ilumine los carismas con que Dios le ha dotado para bien de todos.

Y es que, a veces, son la mirada y la palabra de otros los que nos descubren carismas, don de Dios, misión. Porque ellos tienen esperanza en nosotros. La esperanza y la confianza obran milagros en las personas.

Está bien que preguntemos a los demás sobre Dios en nuestra vida: pertenece al ámbito de la amistad íntima. Al amigo se le pregunta en confianza, «¿qué ves en mí, en clave de Dios?» Como amigos, otros nos preguntan eso mismo, ¡qué exigencia...!

También nosotros intercambiamos preguntas y respuestas con Jesús, a la luz de como lo hacen él y María. Jesús nos pregunta qué tiene que ver con muchas cosas de nuestra vida: qué le pedimos, qué le dejamos hacer, en qué le dejamos entrar y en qué no.

Pero también nosotros haríamos bien en preguntarle qué tenemos que ver con eso, con la vida de otro, con sus cosas. Tal vez así se obrarían milagros a través nuestro.

No puedo evitarlo. Al contemplar la boda de Caná, a veces me pregunto cuál es el verdadero milagro, si que el agua se convirtiera en vino, o que aquellos sirvientes confiaran e hicieran algo absurdo que un invitado, Jesús, les dijo por indicación de una mujer llena de luminosa certeza.

Natàlia Plá Vidal
España

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.


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“Humildad de María
Ella prefirió borrarse, desaparecer, es decir, dejar todo el sitio para su Hijo, para los apóstoles; lo cual no le impidió trabajar de una manera muy efectiva, pero en la sombra, colaborando en la obra de Jesús.”


“La virgen del ‘sí’
Dios la encontró siempre preparada, siempre dispuesta. Su única preocupación fue conocer los designios de Dios sobre ella para poder realizarlos.
La virgen nos dirige estas palabras «Haced todo lo que él os diga».
Señor, ayúdanos a saber reflexionar y descubrir tu voluntad en todo cuanto nos ocurre. Nada ocurre por casualidad, nada ocurre sin tu beneplácito.”


“Se ve en María un modelo acabado de vida contemplativa, silenciosa y oculta.”


12 de abril de 2009

Pliego nº 3...............................'2ª Etapa'


Resucitar en Cristo

Se dice, y san Pablo (1) lo expresa claramente, que en el Bautismo uno muere y resucita en Cristo. Pero aunque uno reciba el bautizo, el cuerpo sigue igual después del rito; se muere y resucita aun cuando se es el mismo de antes en inteligencia, en mente y en espíritu. Entonces, ¿qué es lo que muere y qué es lo que resucita en Cristo, por el Bautismo?

Así como María desde el principio fue Inmaculada, nosotros tenemos que llegar a ser inmaculados; aunque no desde el principio, lo hemos de llegar a ser por la penitencia. Tal como Magdalena llegó a ser inmaculada por la penitencia (“si muestra mucho amor es que se le perdonaron todos sus pecados” Lc. 7,47). Ambas, María y Magdalena, estuvieron al pie de la cruz.

Jesús de Nazaret, hombre verdadero, con su voluntad, inteligencia, mente, espíritu, ... nunca fue “hombre viejo", nunca tuvo un ‘yo’ viejo.

En cambio nosotros, el ‘yo’, mi persona humana, eso es precisamente lo que muere y resucita en Cristo: éste es el misterio, que es como la guinda de los pasteles. Yo, que soy yo en concreto, el “hombre viejo”, es mi persona la que muere y resucita a ser un “hombre nuevo”. Sin embargo, el “hombre viejo” siempre quiere rebrotar, a menudo está rebrotando, y muchas veces hemos de pisotear este brote, para que podamos decir: “ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí”(3).

¡Es Cristo quien vive en mí! Ésta es la Resurrección: resucitamos en Cristo. Nos hacemos como Cristo. Somos “cristos”, todos unidos; y siendo todos uno, nos podemos amar porque somos uno. Porque todos somos Cristo, este Cuerpo Místico suyo.

Si para casarse a los cónyuges se les dice: tenéis que ser tan uno, que sois una sola carne, que quiere decir una sola personalidad: lo que desea uno lo desea el otro, lo que sufre uno lo sufre el otro…; porque son uno. Al casarse mueren a sus individualidades opuestas y resucitan siendo una unidad, donde lo dispar se potencia en unión. Si eso es verdad y eso es el sacramento del matrimonio, cómo no va a ser esto mucho más verdad cuando el desposorio del que se habla es el de Cristo y su esposa Iglesia. Esto es resucitar.


1. Col 2,12: “por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y con él también habéis resucitado”.

2. Ef 4,22 “despojaros del hombre viejo... y revestios del hombre nuevo creado en según Dios...”

3. Gal 2,20

Aparición de Jesús resucitado a su madre



Dios te salve, madre querida
soy tu hijo resucitado,
sí vivo ya una nueva vida
para estar siempre a tu lado.

Mira bien mi mano herida
y la llaga de mi costado,
por todos serás bendecida
tu que siempre has esperado.

Madre e hijo se han hallado
y con un abrazo han sellado
un encuentro que aún asombra.

La mano del Padre, su sombra
desciende sobre Ti, María
¡O virgen de Paz y Alegría!


Jaume Aymar Ragolta
España

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.


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“La esperanza está en decir: no puedo más, pero Dios me sacará de este jaleo”


“Son la fe y la esperanza que dilatadas por la oración quienes quitarán de nuestros caminos todos los obstáculos y rastrojos que es la obsesión de uno mismo”


“María ha conocido el sufrimiento atroz, también la inquietud; pero jamás el desorden, jamás los movimientos del alma que se escapan del control, que hacen decir de algunos que –está fuera de sí-.

El rostro de María no puede figurársele más que sereno; incluso al pie de la cruz -era todo el martirio del mundo en la mirada humedecida, en la cual la voluntad está conteniendo el dolor de su hijo-.

Madre de la Serenidad, querrías modelar mi alma, proporcionalmente sobre la tuya. Ayúdame para el bien del próximo prójimo”


12 de marzo de 2009

Pliego nº 2 .................................'2ª Etapa'


Hora es llegada

Cristo, Nuevo Adán, Padre de todos los redimidos, Cabeza de todo el Cuerpo Místico, es el Esposo de la Iglesia.

De esta Iglesia que nace de su Costado, cuando estaba adormecido por la muerte en Cruz.

Y la Iglesia, por ser la Esposa de Cristo, es Madre nuestra, de todos los fieles. Este místico desposorio es causa, fuente y origen del Sacramento del Matrimonio; de que todo desposorio entre cristianos esté, precisamente, elevado al Orden sobrenatural. Es paradigma y ejemplo para toda familia cristiana.

Y, naturalmente, el Matrimonio que mejor siguió en todo, este ejemplo fue el de José y María; el más grande, el más “cristiano” de todos los siglos.

No me objeten que este maridaje no puede ser fruto del de Cristo y la iglesia, porque es anterior en el tiempo. También la Eucaristía que Jesús celebró el Jueves Santo fue anterior al Calvario y, sin embargo, fue fruto —“renovación”— de este único y eterno Sacrificio. Y por realizarlo Cristo mismo en el altar de la Mesa Pascual, es la más excelente Misa dicha.

Así, pues, el virginal matrimonio de José y María, que está dentro del orden hipostático, realizado por el Espíritu de Dios y para Cristo, es el más excelente y fruto primero del desposorio de Cristo y la iglesia.

Es, por tanto, San José la imagen viviente más perfecta de Cristo-Esposo, de Cristo-Padre. Y María la más alta y pura de la Iglesia-Esposa, de la Iglesia Madre. Por ello el Santo es Patriarca de la Iglesia; el que lo fue de Cristo, lo es de todo el cuerpo místico. Y por ello igualmente María es Madre de la Iglesia; ella que dio a luz a la Luz, es Madre de todos los místicos miembros de su Hijo divino.

A San José, para tan alto oficio, por ser Cabeza de María, de esa Sagrada Familia y de toda la gran familia de los redimidos, desde esta patriarcalidad en que Dios Padre le puso, le “conviene” ser inmaculado. Dios podía hacerlo y sin duda lo hizo. El “Justo” le llama la Sagrada Escritura con la misma inspiración que denomina a la Virgen —de una manera pasiva y por ello femenina— la “llena de Gracia”. San José es el Justo por antonomasia. Justicia y plenitud que ambos tienen por estar tan entrañablemente unidos al Misterio de Jesús.

Y por ser Cabeza nuestro Patriarca, está resucitado y asumido en los Cielos. El Nuevo Testamento nos cuenta que cuando resucitó Jesús, mucho santos salieron de sus tumbas, se aparecieron a sus viudas y deudos y fueron el cortejo que acompañó a Jesús en su entrada en el cielo.

¿Cómo no iba a resucitar el que era cabeza de esos santos resucitados, precisamente su Patriarca?

¿Cómo van a estar en el Paraíso Cristo y María sin San José cuando en la tierra estuvieron siempre juntos y sometidos a él?

¿Cómo va a estar Cristo sentado a la diestra de Dios Padre sin tener junto a Sí al que en su vida humana fue el representante y la más pura y abnegada imagen de su Padre en los Cielos?

¡Oh Santísimo Padre virginal de Jesús! ¡Con qué delicada deferencia en tu paso por la tierra quisiste huir por salvar el honor de María! Con qué redoblada deferencia has querido, en la Historia de la Iglesia, quedará en un segundo plano, hasta que tuviera bien clara —dogmática— la virginal maternidad de tu Esposa! Eso decía ya San Gregorio Nazianceno, allá en el siglo IV.

Pero hora es llegada de que se hable del tu capitalidad, de tus prerrogativas y privilegios que, lejos de ensombrecer los de María, son su gloria y su compleción.

Alfredo Rubio de Castarlenas (1919-1996)

Este artículo fue publicado en la revista “Apostolado Sacerdotal, revista para el clero y sus cooperadores, publicada por la comisión de prensa de la Archidiócesis de Barcelona”, Nº 231-232, página 56, en el año 1966.

Adulto nuevo, nuevo Adán


A menudo soñamos cómo deberían ser las diferentes etapas evolutivas de la persona humana: infancia, ancianidad...; incluso grupos sociales que puntualmente nos preocupan y ocupan. Sin embargo, quizá una de las etapas que pasan más desapercibidas es la adultez. Nos acercamos hoy a esta adultez tratando de diseñar un nuevo adulto próximo a ese nuevo Adán. En definitiva, al mismo Jesús.

Como San Pablo buscamos este personaje de un adulto firme y equilibrado en el llamado hombre nuevo. En Jesús encontramos representado, no sólo un modelo de vida que quisiéramos para nosotros, que también, sino a su vez unos ejemplos de valores, de creencias, de sentimientos. A menudo hemos identificado el personaje de Jesús con una mezcla de Dios y hombre, de divinidad y humanidad, que nos lo hace menos imitable en tanto que divino.

Pisando con los pies en el suelo, podemos hallar en él muchos rasgos bien humanos que nos lo hacen un modelo real y posible. Expresiones como su llanto y su risa, su estima y su enojo… nos hacen a Jesús más próximo. Si por las actitudes y conductas estos referentes posibles nos parecen válidos, también lo serán por creíbles en función de la proximidad de sentimientos y emociones que nos transmiten. Las lágrimas por su amigo Lázaro, la perplejidad y oscuridad en Getsemaní, el sentimiento de abandono, el dolor ante la traición del amigo, la necesidad de descanso al otro lado del río cuando la multitud le busca con ansia... son actitudes, pero también sentimientos, que nos acercan a una adultez más real y posible.

Así, algunos optamos por este referente, un modelo de adultez posible, entregada y real, con capacidad de decisión propia, y en unión y comunión con el Padre. Pero una unidad que preserva la identidad, que no empequeñece sino que acrecienta, que no resta autonomía ni responsabilidad ante lo que hacemos y lo que nos hacemos los unos a los otros, ante las decisiones que tomamos, porque... a pesar de la voluntad de seguir un estilo, el estilo de Jesús, las actitudes de vida son nuestras, desde la voluntad y el deseo. No fuera que, bajo el pretexto de seguir una guía, excusáramos en ella toda conducta restando responsabilidad nuestra.

¡Qué gran posibilidad la de ser adultos con un referente que no nos resta ni un pedazo de responsabilidad, ni un pedazo de autonomía, ni una pizca de unidad y comunión preservando la identidad! Porque, al fin y al cabo, identidad adulta y unidad son compatibles.

Marta Burguet Arfelis
España

Estas poéticas palabras de Alfredo Rubio nos invitan a soñar en ese nuevo adulto que hace mención Marta Burguet en su artículo “Adulto Nuevo, Nuevo Adán":


El adulto posible que soñamos,
no ha matado, soberbio, el niño que era.
No ha quedado, tampoco, entretenido
en hilos infantiles que le frenan.

El adulto armonioso que soñamos,
en su esplendor, ni olvida ni desprecia
al viejo que será en adelante.
Ahora ya con ternura lo alimenta.

El adulto riente que soñamos,
no marcha en soledad por la existencia,
Da la mano a su infancia y su vejez;
¡fecundo al intercambio de experiencias!

El adulto integrado que soñamos,
es a la vez la suma y diferencia
de ese niño y anciano bien crecidos,
nada rivales que a servirse juegan.

El adulto gozoso que soñamos,
contempla adelante y hacia fuera
y ama al mundo, a la gente y a las flores,
al amigo, al buen Dios y a las estrellas.

El adulto irisado que soñamos
saca siempre de sí sorpresas nuevas.
Convierte infatigable en realidades
su sonora cascada de potencias.

El adulto perfecto que soñamos
Nos parece lejano cual estrella.
Pero es cierto también que cada uno
de nosotros un día ser quisiera.