12 de enero de 2013

Fe en Colombia


Acabamos de rememorar el nacimiento del amor, la palabra, la verdad, la belleza y la libertad hecha niño. Con gran devoción decoramos nuestras casas dentro y fuera con luces de colores, con el Belén, Nacimiento ó Pesebre como solemos llamarle en Colombia.

En esta época realizamos una tradición familiar, la novena de navidad que reúne en medio de la oración a los amigos y compañeros en su trabajo ó en el sitio donde más horas se permanece al día.  La novena de navidad es una esta tradición aprendida y conservada desde la casa materna la cual propicia el encuentro y la fiesta, esta devoción al Niño Dios, nos recuerda la encarnación y paternidad de Dios, la Virginidad  de María, el amor y la libertad de San José como padre adoptivo, igualmente rememora la persecución y la pobreza en que nació el Niño Dios invitándonos a ser más humildes.

Una de las frases que reza la oración al niño Jesús en esta devoción es:  "Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado". En Colombia gran parte de nuestras necesidades, nuestra confianza en el cielo prometido se encomienda por esta época.

Los obsequios no los trae Noel ó los Reyes Magos, los ofrece el Niño Dios a otros niños, ó a quién “ha sido juicioso, es decir, quién se ha sido buena persona ó quién se ha comportando benévolamente durante el año trascurrido”.

En Navidad hay días de vacaciones, se incrementan los desplazamientos hacia las poblaciones de origen. La familia y amigos después de rezar la novena de navidad encuentran el espacio propicio de reunión para “adelantar cuaderno” y  hacer una tregüa en el camino que ocasionalmente culmina en un redireccionamiento de la vida. Es el momento propicio para encontrar caminos de reconciliación y perdón.

Aunque no todo sea felicidad por esta época. Encontramos aún en nuestras estadísticas personas que apuestan por el exceso de comida y la embriaguéz que deja “la rumba” desenfrenada; también en buena parte el déficit de cuidado que trae como consecuencia la tragedia de niños quemados con pólvora ó fuegos artificiales, los incendios forestales por los “paseos de olla” de los puentes festivos en los que se dejan botellas y colillas de cigarrillo tirados en el césped; igualmente, encontramos accidentes de tránsito ocasionados por  la imprudencia del chofer que conduce embriagado ó cansado y negligencia la realización de una optima revisión técnico mecánica del auto.

Es más fácil en navidad recapitular nuestro deber cumplido ó incumplido de los últimos 365 días vividos, volviendo a nacer a los buenos propósitos del año que igualmente inicia.

Nuestra fé y esperanza en la paz de Colombia suele por esta fecha, aflorar en el corazón. Es en este momento, cuando debemos sin apasionamientos observar la infancia de Jesús y al Cristo histórico en ese padre, madre, hijo, hija, hermano, hermana, amiga, amigo y prójimo engañado, despreciado, humillado, ultrajado, secuestrado, extorsionado que ha sufrido las consecuencias de un país violento, quizás, también por nuestra propia intransigencia como personas, familia y sociedad.

Es tiempo de trascender, de hallar la verdad en el reconocimiento de nuestras faltas, de pedir perdón y de resarcir a quienes ofendimos ó con quién “nos hemos hecho los de la vista gorda” al dejar de actuar pudiendo haberlo hecho, evitando desgastarnos así, en el hallazgo de culpables.

Propiciemos entonces, gestos de bendición y abrazos reconciliadores, a través del grato recuerdo ó la presencia entre nosotros de esos padres, madres, hijos, hijas, hermanos, hermanas, amigos, amigas y prójimo, resucitados con nuestros cambios de actitud y nuevos propósitos.

Elsa Victoria Lizarazo Díaz
Bucaramanga (Colombia)

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